LA GRABADORA
LA GRABADORA
MISTERIO, MENTIRAS Y RONCANROL
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Dirigido por Mikael Stornfelt

Una producción de Hacienda Films

Basado en el libro:
“La Grabadora. The Sound of Periferia”
de Jose Antonio “Goster” Mesones, Diego Otero
y Santiago Pillado-Metheu.
Obra transmediática presentada como parte de la muestra
“Tránsito de imágenes, puntos de fuga hacia el arte último”,
curada por Jorge Villacorta para el MALI.


Producido:
Eliana Illescas
Guión:
Diego Otero, Christopher Vasquez
y Mikael Stornfelt

Dirección de arte:
Jose Antonio “Goster” Mesones
y Sandro Angobaldo

Música:
Santiago Pillado-Matheu

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SINOPSIS


En Lima, entre los años 1970 y 1975, existió un sello discográfico llamado La Grabadora, cuyas bandas se movían en los límites del riesgo artístico, la urgencia expresiva y la clandestinidad. Su música y propuesta estaban a la vanguardia de la época, pero por una serie de motivos extraños y misteriosos, tanto el sello como su artífice y creador, Pablo Muro, desaparecieron sin dejar huella. Con ellos desapareció también la música, que quedó inédita.

40 años después, el documentalista estadounidense Liam Penrose anda tras el rastro de Muro y el presunto legado de la disquera. La pesquisa, construida a partir de los testimonios de los ex integrantes de las bandas y del archivo fílmico y fotográfico de la época, llevará a Penrose desde Lima a la Amazonía y finalmente a Nueva York, pasando por Londres y Tanger.

Ahí, en Nueva York, el descubrimiento de los documentos personales de Muro, así como las grabaciones perdidas del sello, nos harán preguntarnos: ¿fue la música de La Grabadora, adelantada a su época y concebida en el Perú, la que dio origen a una nueva revolución musical a finales de los años setenta en todo el mundo?

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VISIÓN
DEL DIRECTor

 

Tanto el sello como su historia son una ficción, pero ésta será narrada con el lenguaje de un documental: un falso documental acerca de un sello discográfico que pudo haber cambiado la historia del rock en el Perú, pero que desapareció. Quizá, y a pesar de haber pasado al olvido entre nosotros, dicho sello sirvió de fuente de inspiración secreta para el rock en todo el mundo.

Un argumento absurdo, cómico y fantástico, pero también posible. Como el Perú. En el Perú, donde el concepto de expresión cultural generalmente está limitado al patrimonio arqueológico, una película como La Grabadora sirve para abrir los ojos. La cultura contemporánea es invisible para muchos, y peligrosa para otros, y corre el riesgo de desaparecer ante nosotros, tal como ocurrió con la música de La Grabadora.

Queremos crear un relato sobre una industria musical en ciernes y una cultura, donde personajes reales y emblemáticos hablan de lo que representó La Grabadora, donde quienes aparecen como los miembros de las bandas en el material de archivo sean miembros de bandas de rock actuales y jóvenes, y donde quede claro que la historia de La Grabadora es, ante todo, una especie de fábula de la cultura en el Perú del pasado pero también del presente.

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LA MÚSICA


 
 

La historia
de La Grabadora


La idea original de La Grabadora surge como un juego creativo entre tres amigos, Diego Otero, comunicador y escritor, Jose Antonio “Goster” Mesones, diseñador gráfico, y Santiago Pillado-Matheu, músico. A fines del 2006 el proyecto forma parte de una exposición que daba cuenta de las manifestaciones artísticas más representativas de los últimos años: “Tránsito de Imágenes, puntos de fuga hacia el arte último”,  que el crítico y curador Jorge Villacorta gestó para el Museo de Arte de Lima (MALI). 

 
La propuesta consistía en un libro objeto que contaba la historia fraguada de trece bandas y el sello discográfico del que formaban parte, La Grabadora. El relato se desarrollaba a través de textos planteados en clave de crónica periodística o investigativa, reseñas de conciertos y entrevistas.  El libro incluía todo tipo de gráficas, documentos de la época y memorabilia, así como los afiches de los conciertos de estas bandas, y finalmente un CD con trece canciones. El libro cuajó así como una especie de pieza artística que entrelazaba música, literatura y artes gráficas. El objetivo era que la experiencia de “leerlo” fuera un poco más que la suma de los formatos. 

 
Todo se presentó como el hallazgo de un especialista estadounidense, como un descubrimiento cuasi-arqueológico, expuesto por primera vez al público peruano de la mano paternalista de un experto primer mundista. La Grabadora terminó siendo una broma, pero también bastante más que una broma: un dispositivo crítico sobre la memoria y la cultura en el Perú, un homenaje a la complejidad y riqueza de nuestra música, y un relato que reflexionaba con ironía sobre el culto a la personalidad y la consagración artística.

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